A rapa das bestas - Sabucedo

El sábado 2 de julio 2016, teníamos entradas reservadas y pagadas a través de Internet (Abanca 10 euros más 1 de comisión cada una), para presenciar la "Primeira rapa" das bestas en Sabucedo. (Primer sábado, domingo y lunes de julio cada año).


El GPS nos jugó una mala pasada. No, pobrecillo, no fue suya la culpa. Hay dos Sabucedos, uno de Orense y otro de Pontevedra y en vez de molestarme en averiguar cuál era el correcto, elegí el primero que aparecía; era de cajo que la ley de Murphy tendría razón como siempre y resultaría ser el equivocado (ojo, es el Sabucedo de Pontevedra, el más cercano a A Estrada).

Al llegar, habían habilitado un parking (5 euros) en pleno campo muy cerquita del cercado, que ellos llaman "curro". Al rededor, desplegadas decenas y decenas de tiendas de campaña de gente que se establece imagino desde el día anterior y ¡sorpresa! tres ventanillas con colas interminables. Yo, ufana, ilusamente pensé que con mi papelito impreso en casa pasaria directamente, pero no,... había que intercambiarlo por las verdaderas entradas en una de las ventanillas; afortunadamente una de las que menos personas había. Visto lo visto, me da la sensación de que nadie se queda fuera: los que reservan por internet, los que compran las entradas en el pueblo y los que van sin entradas a comprarlas in situ. Los organizadores nos pedían que nos apretáramos un poquillo para que cupiéramos todos y así poder aumentar la capacidad de 1.500 espectadores que en principio tiene el "curro"

El día anterior y tras haber asistido a la "Misa de alborada" (en la que se reza y se pide para que no ocurra ningún accidente durante las fiestas), han llevado a cabo "A Baixa" que consiste en bajar a Sabucedo los potros que viven en libertad en el monte de Montouto. De hecho la Asociación organizadora anima a los visitantes a acompañarles y participar en estas reunión y conducción de las manadas hasta Sabucedo.

Ya todos dentro y peor o mejor acomodados y después de hacer la "ola humana" un par de veces, el espectáculo empieza un poquillo más allá de las siete de la tarde.

Bienvenida, en perfecto gallego y para ir calentando el ambiente unos bailes regionales. No entiendo mucho, pero supongo que serían muñeiras.



Como toda fiesta tradicional que se precie tiene una bonita historia detrás que se pierde en el tiempo. Cuentan los vecinos de Sabucedo que en la baja Edad Media, una epidemia de peste asoló toda la comarca y en aquellos tiempos huir, cuanto más lejos mejor, era la única forma de evitar el contagio. Dos hermanas que no podían moverse del lugar ofrecieron a San Lourenzo, patrón de Sabucedo, dos yeguas, si las libraba de tan temible enfermedad. San Lourenzo atendió sus súplicas y ellas cumplieron su promesa, entregando al párroco "las bestas" prometidas, a las que se dio libertad y se siguen multiplicando hasta hoy en los montes cercanos.

Llega el momento más esperado y hacen su aparición,... qué se yo, ¿trescientos caballos? no creo que hubiera menos. Marrones y negros, pardos y rojizos, bestas (hembras) y garañones (machos) y potrillos; asustados y nerviosos, muy nerviosos.



Sabucedo no es la única localidad gallega que lleva a cabo esta celebración, hay bastantes más, pero creo que esta es la más famosa y presumen de que es la única que no hace sufrir al animal, tanto en su recogida -como prueba es que forman parte de los festejos y cualquiera puede asistir y certificar que se hace sin violencia-, como en el momento de la "rapa", en que el "aloitador" lucha para reducir la besta o garañón tan sólo con su cuerpo y destreza.

De pronto hacen su entrada padres con sus hijos de la mano. El "aloitador" está orgullosísimo de su labor y la mayor gratificación que puede tener es que su hijo ame esta tradición como lo ha hecho él. Para ello acompaña a su todavía pequeño vástago a retirar del "curro" los potrillos que no intervendrán en la propia "rapa".
Parece ser que la primeras noticias que se tienen de esta celebración se remotan al siglo XVIII, aunque hay estudiosos de la materia que aseguran que la tradición es anterior a la época romana. En 1963 fye declarada de Interés Turístico Nacional y en el 2007 ascendió a Fiesta de Interés Turístico Internacional.

Salen los chavalines del coso, con el caluroso aplauso de todos los asistentes y los orgullosos padres permanecen, pues comienza la propia "rapa das bestas". 






Los aloitadores se reparten las tareas: los que se lanzan a reducir las bestas, los que ayudan a mantenerlas controladas y los que con grandes tijeras recortan crines y rabos. A pelo montan al animal y todo vale para someterlo, asirlo por orejas, cabeza o rabo. Cuando la besta opone más resistencia y el aloitador requiere aplicar un mayor esfuerzo, el público asistente aplaude y jalea "al valiente".





Teóricamente, no es sólo folclore lo que motiva estas acciones, también se aprovecha para desparasitar a los equinos, vacunarlos y conseguir que mantengan calidad de vida en su libertad en los montes  (pero esta parte no se ve).

Finalmente, cuando han pasado todos equinos "por peluquería", les abren la puerta y salen de estampida entre polvo, produciendo una bonita estampa a propios y extraños.











La rapa ha llegado a su fin pero la fiesta continúa, la verbena comenzará a las once de la noche a morir y repetición el domingo y el lunes, tras la tercera rapa, a las seis de la tarde, la "solta dos caballos" a los montes,... hasta el año siguiente, que equinos y aloteiros volverán a verse las caras.