Conocer Madrid - Museo de Artes y Tradiciones Populares

11 de octubre de 2016
La Corrala / Museo de Artes y Oficios (Madrid)


El llegar antes de la hora de la visita me permitió tener el patio de La Corrala vacío y poder sacar fotos a placer. Una simpática señorita nos dio las cuatro pinceladas de la organización del museo: que está dividido en tres zonas: fiestas tradicionales españolas, recreación de tres antiguos oficios y una pequeña exposición de distintos enseres utilizados por los españoles del siglo XIX.

También nos recomendó con verdadero ahínco el que no dejásemos de visitar una exposición itinerante que tenían en el sótano de Miguel Yunquera –y vaya si tenía razón: precioso-. Ah, antes de marcharse nos pidió encarecidamente que fuésemos benévolos con nuestra guía, ya que era su primera experiencia.



Nuestra guía se llama Emma. Los nervios afloraban a su verbo y a su memoria, pero sin llegar a ser exagerado; lo suplió con muy buena voluntad y una bonita sonrisa.

Comenzamos. El museo ha sido trasladado desde dependencias de la Facultad de Filosofía y Letras en la Universidad Autónoma de Madrid en Cantoblaco; de hecho, nos comentan que son tantas y tantas las piezas que poseen que se ha decidido trasladar solamente un número representativo de piezas, para evitar caer en mostrar la misma sensación de abigarramiento que tenía cuando estaba en la UNAM. De esta forma, se puede explicar elemento a elemento de una manera mucho más didáctica.

La elección de la nueva ubicación fue todo un acierto. El edificio en que nos encontramos, una corrala, llamado así hace siglo y medio, no es ni más ni menos que un edificio de viviendas y comercios alrededor de un patio de corral, que servía bien para albergar animales, bien para exponer la mercancía de las tiendas que la bordean o bien, la función que más me gusta, la de teatros (aunque ya el siglo XIX fueran fechas muy avanzadas para mantener una costumbre que si era habitual durante el siglo XVI, al siglo siguiente fueron ya sustituidas por los teatros al uso; Lope de Vega, Calderón o Cervantes fueron los primeros beneficiados de estos patios corraleros.

Este tipo de edificios comenzó a tener un gran auge en Madrid a raíz del éxodo del campo a la ciudad en busca de una vida mejor. Madrid, al estar cercado, no podía crecer a lo ancho y debió hacerlo a lo alto, aumentando plantas a las nuevas edificaciones. Nos cuenta Emma que en 1865 vivían 200 personas hacinadas en casas de 20 o 30 metros cuadrados. Estas viviendas se instalaban en los entornos cercanos a fábricas; de ahí que Lavapiés, Embajadores y La Latina sean los barrios donde más abundaran, dada su cercanía al antiguo Matadero y la Fábrica de Tabacos.

Nuestra corrala está en la calle Arniches y el Rastro la atraviesa. Originalmente, en su planta baja se hallaban los comercios, que sacaban sus mercancías al patio; la primera planta y la zona abuhardillada estaban destinadas a viviendas y posadas. La corrala ha estado habitada hasta los años 90 del siglo pasado. Llegado el final del siglo su mal estado hizo pensar en su demolición; decisión que se cambió en un último momento decidiendo rehabilitarla por parte del Ayuntamiento. Años más tarde fue donada a la Universidad Autónoma de Madrid y qué mejor dedicación que trasladar aquel caótico museo de tradiciones a la corrala.

Ya hemos entrado a la recepción del museo y unas fotos sirven de apoyo a Emma para contarnos la bonita historia del legado del museo. Guadalupe González-Hontoria, Directora del Museo de Artes y Tradiciones Populares en la Facultad de Filosofía de la UNAM, fue la fundadora y donante de cerca de tres mil piezas. La forma en que la fundadora adquirió las piezas es una historia bastante divertida. Pofident tuvo la culpa en última instancia. Un sorteo que organizó el fabricante de dentífricos hizo que Guadalupe ganara un Renault 4x4 que le hizo posible recorrer España entera, pueblo a pueblo, adquiriendo cada una de las piezas que engrosarían sustancialmente el patrimonio del museo.

Ya nos anticiparon que de todas aquellas piezas que se guardan no sé dónde, se elegía una de
Botijo de cerámica negra
ellas, que venía a convertirse en la “pieza del mes” , que exponen en una vitrina y de la que se da una más exhaustiva explicación.  La pieza de este mes es algo que nos resulta tan familiar –aún hoy- que no reparamos en la gran invención que es: poder beber agua fresquita, sin utilizar energía eléctrica ni de ningún tipo, sin contaminar, de una manera totalmente ecológica. Colocadito estratégicamente en la puerta de las casas, eran la bendición de aquellos trabajadores que llegaban al hogar, con 40 grados a la sombra tras una dura jornada laboral.

Este botijo, de cerámica negra, procede de Verdú (Lérida) y se llama “sillons”. Su color característicos entre gris y negro se debe a la mezcla del hierro con la arcilla, y mantener las piezas en el horno, en principio de un color rojizo, durante treinta y seis horas a unas temperaturas de entre 900 y 1000 grados centígrados.

En un televisor nos pasan un breve reportaje de algunas de las fiestas más representativas de nuestra piel de toro.

Con esto, pasamos al meollo del museo.

Silla partera (Museo de Artes y Tradiciones)
Comienza por un repaso por el ciclo vital; el nacimiento: curiosas y rebuscadas sillas parteras, procedente de Espartinas (Sevilla) y del País Vasco, aunque quizás más naturales que el parto en posición horizontal… y una especie de “tiestos” de cerámica, cuyo uso era también ayudar a dar a luz.
Jarras parteras

Llama la atención de esta vitrina una mustia rosa de Jericó. Emma nos esclarece que cuando una mujer se encontraba dando a luz, la rosa de Jericó que seca, se introducía en agua y reverdecía como por arte de magia; de la misma forma que la mujer que estaba partiendo, reverdecería y facilitaría el parto.

Taca-taca (Museo Artes y Tradiciones)
Dentro de los utensilios de la niñez vemos un rudimentario taca-taca, con la misma función de ahora: ayudar a que el niño aprenda a caminar. Cunas, que eran fabricadas por padres y abuelos y estaban diseñadas para poderlas mecer ya sea con el pie o con la mano.




Museo de Artes y Tradiciones
La siguiente vitrina nos muestra una elegante ropa de un bebé que al parecer era un traje típico para celebrar el primer rito cristiano que era el “rito de paso”, que consistía en una especie de presentación en la comunidad cristiana de las familias pudientes.

Museo de Artes y Tradiciones
Una vitrina colgada muestra una gran variedad de amuletos de todos tipos. Como curiosidad, unos pequeños sobres en los que se introducían páginas del Evangelio y se les denominaba “amuletos de contacto”, que se situaban en contacto con la piel del niño. A su lado muchas cintas correspondientes a distintas hermandades de Vírgenes de España.


Un delicioso “ajuarico”. Es la primera vez que escuchaba esta palabra, pero si etimológicamente es bonita, lo es mucho más su significado: muchas piezas de vajilla en chiquitito hechas de arcilla que se introducían en un ánfora de barro que había que romper para poder jugar con ellas.

El primer maniquí lleva un traje de primera comunión, que nos hubiésemos creído si nos cuentan que acababan de comprarlo en una tienda del barrio; no han variado nada. Es curioso cómo, afortunadamente, hay tradiciones a las que nos aferramos por mantener casi inalteradas.

Una “jarra idílica”. Se trata de una pieza muy antigua procedente de
Manises (Valencia). Formaba parte de la dote que el hombre entregaba a la mujer. Era fabricada por hombres y las mujeres las pintaban a mano alzada, por fuera… y por dentro. En la decoración están representados los novios, incluso piezas del ajuar.

Trajes de maragatos, del esposo y la mujer. Es conocido que el pueblo maragato tiene una cultura propia y la los trajes tienen un gran simbolismo. En este caso nos dice Emma que el femenino perteneció a una mujer casada y se sabe porque es oscuro y con cuadros –las solteras gastaban tonos más claros-; el del varón, con chaleco de color cálido, significa que el matrimonio tuvo lugar en un mes de primavera o verano, si fuese de un color más oscuro se habrían casado en invierno. Lleva incorporado un portacastañuelas.
El maragato es un pueblo matriarcal debido a que los hombres deben pasar largas temporadas fuera de casa y la mujer hacer frente a todos los trabajos de la casa, incluso los que tradicionalmente llevaban a cabo los hombres. Mantienen un curioso ritual ancestral, llamado “covada”, que consiste en que, en el momento del parto, el marido se encierra en una habitación adyacente al que se encuentra dando a luz su mujer y reproduce los mismo gritos que ella. Las explicaciones del por qué se venía manteniendo esta costumbre hasta el siglo XIX son de lo más variopintas: desde las que aseguran que se trata de que el hombre intenta solidarizarse con los dolores de la mujer; a quienes piensan  que se trataba de despistar  al diablo, que si venía a por el niño, no supiera en qué habitación entrar, y una tercera, que lo atribuye a que el hombre, aprovechando ese momento de debilidad de su mujer, aprovecharía para recuperar el protagonismo perdido. Emma nos anima a que elijamos la que más nos guste.

No terminaba en esa especie de pantomima este ritual, sino que una vez que la mujer ha parido, debe volver rápidamente a sus quehaceres domésticos y además, cuidar al marido, que continuará en cama un número determinado de días como una reciénparida.

El ciclo de la vida también llega a su fin y esta vitrina refleja los ritos funerarios.

A partir de ahora, nos sumergimos en el ciclo festivo, donde trajes y figuras representan a nuestras fiestas más singulares.

El primer traje que nos encontramos es el de los Jarramplas, procedente de la fiesta que se celebra en Piornal (Cáceres), que se celebra hacia la tercera semana de enero. Su traje compuesto de pantalón y chaqueta al que le han cosido multitud de cintas de todos los colores y es complementado con una careta con cuernos y una gran naríz. El jarramplás era un monstruo que se dedicaba a robar a la gente del pueblo, hasta que cansados, se unieron todos para terminar echándolo lanzándole patatas.  Hoy, el Jarramplás hace un recorrido por todo el Piornal tocando el tamboril y los asistentes le tiran hortalizas, nabos, sobre todo.

El 19 de enero es una especie de preparativo del día 20. La gran lluvia de impactos ha hecho que el Jarramplás lleve bajo el traje una especie de armadura que amortigüe los golpes. Los jovencitos que hacen el papel de Jarramplás se van turnando, pues llega a agotar. A pesar de ello, hay una lista de espera de diez años para poder ser Jarramplás.

En representación de la Navidad, una vitrina muestra un Belén de la comarca marrachí en Mallorca. Son figurillas de arcilla modelada con los dedos y sujetas sobre una peana; una vez cocido se sumerge en un baño de cal, se decora con rayas y puntos de distintos colores. Los hay con un silbato incrustado que son fabricados por niños con sus madres y les sirven de juguete. Su nombre es Siruels.

La vitrina de la festividad de Todos los Santos, con cerillos que mantienen toda la noche encendidos para recordar a los que se han ido y para ahuyentar a los malos espíritus.


 El primero de los trajes es el de Santantoná en Forcall (Castellón).  Los botargos (demonios) representan al mal, con sus trajes pintados con reptiles y bailarán por todo el pueblo antes de prender fuego a la gran hoguera que preside la plaza. A medianoche se celebra la procesión de los “matxos”.
El día de San Blas, tras la misa mayor y cuando aparece la imagen del santo, aparecen los coloristas botargas-danzantes que gritan y piropean al santo, incluso con cierta irreverencia. Los botargas están muy extendidos por muchas poblaciones de la provincia de Guadalajara y básicamente son una especie de bufón se colocan en la puerta de la iglesia, intentando que la procesión no salga.

El cuarto y quinto pertenecen a la Encamisada en Menasalbas (Toledo). La noche del 1 de febrero, once caballeros mayordomos encamisados de la Hermandad de las Ánimas, acompañados de sus lacayos, recorren el pueblo con paradas en hogueras que se han encendido en la iglesia, en el rollo jurisdiccional y en la ermita de la Virgen de la Salud. Al día siguiente tras la misa, baila  la bandera y cogen cintas a caballo.

El tercero es típico de la festividad de “La vaquilla” en honor a San Sebastián que se celebra en Fresnedillas de la Oliva (Madrid). Se trata de una fiesta de escarnio de origen pagano pero cristianizada por la Iglesia y se celebra el 20 de enero. No está documentado pero se dice que el propio Felipe II viajó de El Escorial a Fresnedillas para presenciar la fiesta.

La vaquilla, protagonista de la fiesta es representada por un joven con una tosca armazón de madera que simula la vaca, con cuernos y rabo. Otros personajes son el alcalde, el alguacil, el escribano, la hilandera (conocida como la guarrona); los judíos o Motilones representan al pueblo. Todos son hombres, aunque representen papeles femeninos.

Se “suelta a la vaquilla” y acompañada por los judíos comienza la carrera; cada cornada que consigue dar la vaquilla es jaleada por los judíos. Por la noche un tiro al aire mata a la vaquilla que cae al suelo. El mozo y los judíos salen corriendo a beber la sangre de la vaquilla que no es otra cosa que vino tinto. Esto se repite el primer día los solteros y el segundo los casados.
Peropalo (Villanueva de Vera)

La fiesta del Peropalo es la forma particular que tienen los habitantes de Villanueva de la Vera de celebrar el carnaval. ¿A quién representa el Peropalo? No se sabe. ¿Un malhechor, un cobrador de impuestos? Lo cierto es que fue ajusticiado en el pueblo y la fiesta simula un jurado popular a un malhechor.

La fiesta tiene lugar en carnaval.  La figura del Peropalo está hecha de paja, vestido de negro con el pañuelo típico blanco y la cabeza de madera (la turra), que se conserva de un año para otro. El domingo de carnaval el Peropalo es llevado a la plaza del pueblo y lo cuelgan, mientras la gente grita y se burlan. Al día siguiente se repite cambiando al Peropalo de dirección. El martes de carnaval tiene lugar el juicio en que el Peropalo es condenado. Los asistentes a la fiesta se dividen entre acusadores y defensores y finalmente un jinete montado en un burro recorre las calles voceando el veredicto. A última hora se mantea al Peropalo (ya sin cabeza), se quema el cuerpo y se esparcen las cenizas. El festejo termina con una jota tocada por los tamborileros.

Sentencia que el Peropalo lleva cosida a su espalda, por el que se le condena ese año:

 Considerando: Que Pero es un chulo y bravatas le pisamos las zapatas y ha entrado ya en el chiquero, que traiciona a los amigos, los manipula, los vende, que es palo y un alipende y se las veía conmigo.
Vistas: Las leyes, por cierto, son minuciosas y que lo lleven al huerto.
Fallamos: (Entre dos copas) ¡Muerte a este indigno! Después que pase el pollino y cantar unas jotas.
Villanueva de la Vera
El Corregidor

Mascarita (Almiruete, Guadalajara)
Botargas (Almiruete, Guadalajara)
Los botargas y mascaritas de Almiruete (Guadalajara) celebran el carnaval  con unas tradiciones que se remontan al siglo XI. Los botargas, vestidos de blanco con grandes cencerros colgados del cinturón y con una máscara diferente cada uno, hechas de roble de bayas, bajan por alguno de los cerros que rodean el pueblo, ahuyentando a los malos espíritus, hasta llegar a la plaza donde se encuentran las mascaritas, vestidas también de blanco con adornos de flores y hiedra y tapan su rostro con una colorida máscara, con un lince pintado, por lo general. Ya emparejados recorren las calles del pueblo y al llegar de nuevo a la plaza tiran pelusas y confetti a los asistentes como símbolo de fertilidad para propiciar buenas cosechas.

Madamas (personaje de Carnaval)
Madamas, son los personajes femeninos de los carnavales. Simbolizan la pureza. Van vestidas con ropajes blancos profusamente adornados con puntillas y cintas de colores.

Cucurrumacho (Navalosa, Ávila)
El cucurrumacho es otro personaje peculiar de las fiestas de Navalosa (Ávila). Su cometido es asustar a niños y mayores (el original lleva hasta animales muertos). Durante el franquismo se prohibió su salida, pero burlaban a las autoridades cubriéndose con mantas pingueras, crines de animales, máscaras o carillas de madera. Salen a las calles con una buena cantidad de cencerros colgando de sus cinturas y van lanzando paja a la gente con la que se encuentran. Probablemente de origen celta, se ha convertido en uno de los atractivos del carnaval abulense.

Máscara de Lanzarote
En el carnaval la presencia de la máscara es muy importante y aquí nos muestran una de Lanzarote.

Pantallas (Xinzo de Limia (Ourense)
El primero de la imagen de la izquierda representa el Peliqueiro, figura representativa del Carnaval de Lanza (Ourense). Recibe su nombre de la piel de animal (pelica) que cuelga de la parte trasera de las máscara a modo de coleta. Con camisa blanca, corbata y chaqueta con galones y flecos que se ata con cintas de colores. Corren en fila a saltitos de una parte a otra de la calle. Nadie puede meterse con él, porque se puede llevar un buen “zamarrazo”.

Y el segundo, representa a las Pantallas, figuras típicas del Carnaval de Xinzo de Limia (Ourense) de remoto origen van anunciando su entrada con un sinfín de campanillas a la cintura y van abriéndose paso entre la gente golpeando dos vejigas de vaca secadas e infladas que llevan por manos. El objetivo: cuidar que todo el mundo acuda disfrazado al carnaval, al que se le pilla, es de obligado cumplimiento el que invite a su cuadrilla a un vino. Camisa y calzón blanco, capa roja o negra y pañuelo rojo. La pantalla que les da nombre es la propia máscara, que hasta la fecha se confeccionan de una forma totalmente artesanal.

Subimos unos cuantos escalones y más vitrinas exhiben Instrumentos musicales.  Una gran imagen de una procesión. Y un curioso cuadro que representa la Danza de la Muerte en Gerona, fiesta en la que toda la gente del pueblo, de cualquier edad, hombres, mujeres y niños, sea de la condición que sea,  se disfraza de esqueletos para representar que la muerte nos llega a todos independientemente de dónde procedamos.

Un traje típico y tambor de grandes dimensiones de las fiestas de la tamborada de Teruel. Durante todo el día, los participantes han de tocar el tambor a lo largo de las veinticuatro horas, a modo de penitencia durante la Semana Santa, al punto de que les sangran las manos.  Relacionado con esta misma fiesta, una carraca gigante, que es de suponer que debía tocarse con las dos manos. Tocar las campanas es demasiado festivo y la carraca es más lúgubre y más adecuado para esta clase de celebraciones.

Peliquiro (Lanza, Ourense)
La Semana Santa de Baena (Córdoba) es una de las más originales y pintorescas de Andalucía. La figura más destacada es el llamado «Judío» que con su tambor llena de continuo sonido las calles de la localidad. Su atuendo resulta muy original y colorista: chaqueta roja y pantalón negro, pañuelo de seda al cuello, casco de coracero con celada, plumero de vistosos colores y crines de caballo blancas o negras, de ahí su diferenciación en Coliblancos o Colinegros respectivamente. Lo que unido su peculiar toque marca la diferencia de los demás pueblos tamborileros de España.

Los judíos están organizados en cuadrillas y el conjunto de cuadrillas, junto al rey y los evangelistas, constituyen la turba. Hay dos turbas: la de los coliblancos y la de los Colinegros. Antiguamente, las crines eran de cabello auténtico, por lo que era normal que hubiera más Colinegros que coliblancos y siempre ganaban. Las cosas han cambiado y ahora son colas sintéticas y está bastante más equiparada la cuestión.

Dejamos las festividades invernales y pasamos ya a las festividades de Primavera, con el Corpus como protagonista de  la mayoría de ellas.
traje torero Jesús Millán

Un traje de torero representa la fiesta de los toros, tan arraigada en España. Este concretamente perteneció a Jesús Millan un torero muy afamado de la época. Era muy feo, pero se dice que su valentía le llevó a tener muchas pretendientas.
Cargolera (fiestas Cardona)

El “Corre del Bou” de Cardona, con orígenes en el siglo XV, es una parte de la fiesta mayor de esta localidad, que celebra en honor de Nuestra Señora del Patrocinio. El toro, tras un encierro que acaba en la plaza donde los mozos del pueblo provocan al toro y para evitar las embestidas se cuelgan de unas cuerdas colocadas al efecto. El momento más emocionante es cuando sale la Cargolera; un gran cesto de mimbre con asas en su interior, en el que se introduce un joven tras incitar al animal, es volteado por los aires y rueda por el suelo. Se llevan a cabo concursos por ver quién es el que aguanta más.

Mayas de Colmenar Viejo
Las Mayas es una festividad que se celebra en el mes de mayo en el madrileño barrio de Lavapiés y en
Colmenar Viejo. Cada casa decide si quiere presentar a alguna guapa niña de la finca para optar por ser nombrada “Reina Maya”. La jovencita debe exhibirse con sus mejores galas en el portal de la casa. Y ofrecer a los visitantes –que suelen dar un donativo para la Virgen- y se les compensa con productos madrileños. Se piensa que la fiesta se pueda remontar a épocas del Imperio romano. Si que hay noticias de que durante el reinado de Carlos III se prohibieron estas costumbres. De todas ellas se elige la niña más guapa de todo el pueblo que será la Maya Mayor.


Pecados y danzantes (Camuñas, Toledo)
En Camuñas (Toledo) celebran una fiesta, por el Corpus Christi,  que se pierde en los tiempos: Los pecados y danzantes. Probablemente procedente de los Auto Sacramentales de los siglos XVI y XVII, hoy ha devenido en una representación del triunfo de la gracia sobre el pecado –el bien y el mal-. Esta dualidad está representada también en los dos grupos que intervienen en la representación: los pecados con ricos atuendos y caretas maléficas y los danzantes, de aspecto humilde y caretas con una prominente nariz y que encarnan las virtudes. Es curioso que los hombres vayan vestidos de mujeres, pero ya se sabe que las mujeres no tenían cabida en dichas celebraciones religiosas. Resaltar que estuvo prohibida durante el franquismo por ir en contra de la moral cristiana.

Gigantes y Cabezudos (Comunidad de Madrid)
Y, finalmente, unos personajes muy conocidos por todos: los Gigantes y Cabezudos. Estos que se exponen son de la Comunidad de Madrid, pero están ampliamente extendidos por toda España.


Don Carnal
Las figuras primera y segunda de la imagen representan a Don Carnal y Doña Cuaresma, personajes que no pueden faltar. Son figuras que se pierden en la historia de los tiempos pero se mencionan por primera vez en El libro del buen amor del Arcipreste de Hita , en el siglo XIV. La historia cuenta que Doña Cuaresma, mujer recta, seria y pura, reta a Don Carnal, hombre de mundo y muy apegado a todo tipo de placeres a una mantener una batalla a una semana vista; es decir el miércoles de ceniza. Don Carnal acude con todo un muestrario de animales para que no le falte comida ni a él ni a su legión y , por el contra, Doña Cuaresma prevé su dieta y la de su legión a base de verduras y pescado. La noche anterior Don Carnal y los suyos comieron hasta caer reventados y al día siguiente dormían todavía la indigestión, lo que Doña Cuaresma aprovechó para hacer prisionero a Don Carnal.

Doña Cuaresma obliga a todos a reflexionar durante cuarenta días sobre su vida y hacer penitencia.
Don Carnal parece arrepentido, pero el Domingo de Ramos consigue huir de su carcelero, Don Ayuno. Doña Cuaresma se ve imposibilitada para reunir al nuevo ejército y huye a Jerusalén en la noche del Viernes Santo. Al día siguiente Don Carnal, acompañado de Don Amor, Don Almuerzo y Doña Cena entra triunfante en la ciudad sobre un carro musical. Es ya Domingo de Resurrección y comienza una nueva vida.


A la izquierda, mi buen Quevedo, “la gloria de los españoles”, con sus quevedos y la Cruz de Santiago, la mejor pluma aurea después de Cervantes.

A la derecha, la Calderona, amante de Felipe IV, que dio a luz un hijo regio. Ella fue obligada a ingresar en un convento, el “príncipe” se dio en adopción a una noble familia.

Sor Patrocinio







Sor Patrocinio, “la monja de las cinco llagas”, la Santa Teresa del siglo XIX, muy influyente en su época.

Mari Bárbola y Sebastián de Morra (cuadros
de Velázquez)







A la derecha, Mari Bárbola la enana representada en el cuadro de las Meninas. De origen alemán,  era una enana hidrocéfala que a la muerte de su señora, la condesa de Villerbal y Walther, pasó a formar parte del servicio de palacio con paga, raciones y cuatro libras de nieve durante el verano. Y a la derecha, el bufón enano don  Sebastián de Morra, inmortalizado también en un cuadro de Velázquez. 

No podía faltar el Diablo Cojuelo, el personaje principal de todo carnaval que se precie. Travieso y cojo, pero ágil y veloz.

Danzantes de Anguiano (La Rioja)

Trajes de los Danzantes de Anguiano y de los de Fuentelcesped, utilizados por los hombres, que llevan a cabo una danza con palos.

La danza de los zancos, una fiesta folclórica tradicional de Anguiano en La Rioja. En ella ocho jóvenes del pueblo, provistos de zancos de 50 centímetros de altura y amplios faldones, se lanzan por una cuesta empedrada girando sobre sí mismos. El público, que se agolpa a los lados, va frenando su caída.

Una maqueta de una tarasca, colocada
Tarasca
estratégicamente junto a un espejo, permite comprobar cómo están confeccionadas. Son muchas las poblaciones cuya figura central del Corpus es la Tarasca (Madrid, Toledo). Asusta a niños. Es procedente de Francia. La Tarasca está relacionada con la leyenda de Santa Marta. La Tarasca vivía en Tarascón (Francia) y se dedicaba a asolar la región. La gente la describía como una especie de dragón, con patas de oso y caparazón de tortuga, todo ello con piel de escamas. Todo el que luchaba con ella fracasaba hasta que llegó Santa Marta que encantó al dragón con sus plegarias y volvió a la ciudad con el monstruo domado como un corderito.

Las que se sacan a la calle son mucho más grandes. Y nos cuenta Emma que la de Santa Marta se sacaba junto con un maniquí, que se vestía con la ropa que iba a marcar la moda de ese año. Vamos, la Pasarela Cibeles del momento.

Subimos unos cuantos escalones más. Y vitrinas colgadas y con patas muestras una gran colección de utensilios ya en desuso.

Jarragria




Archiconocidos bolillos para hacer encaje. Paño de punto de Cruz de 1835, se bordaban con  el nombre de los novios. Eran parte de la dote o regalos de bodas. La siguiente, todos utensilios de metal y hojalata: planchas, moldes para hacer flor frita, un hostiario para cortar sagradas formas, tenacillas para el pelo, un guante para el pescado, percheros. Curiosa, una especie de regadera llamada “jarragria” de Puertollano: como el agua tiene mucho hierro y se dice que tiene propiedades curativas se dejan estas jarritas con pinchos en las fuentes para que la gente pueda beber y tiene ese formato por higiene, para que la gente no pegue los labios.

Son innumerables las muestras de utensilios exhibidos: salvamanteles, rodillos  para colocar las ollas, atizadores, sombreros, las chichoneras que se ponían antes a los niños para que no se hicieran chichones cuando se caían y los lacitos para identificar las madres a sus niños de lejos. Aceiteras, alpargatas, piezas de cerámica (las vidriadas sirven para preservar el calor y los no vidriados para preservar el frío). Una jarra de broma con muchos pitorros, de los que uno sólo sirve para beber y se juega a ver quién descubre cómo beber.

Panderetas, panderos, claveles son instrumentos de los pastores que tenían para pasar largas ornadas en el campo. Flautas, oboes, clarinete, clarines y todo tipo de instrumentos de viento, castañuelas, tejoletas que se toca cogiendo las dos por un extremo, carracas y una matraca.

Pasamos en aquel momento a la anunciada recreación de tres oficios típicos del Madrid del XIX.

Joyería. Este taller perteneció a Jose Luis Samuels, que tenía el mismo por la zona de Tirso de Molina y se ha reproducido tal cual estaba, incluidas las vistas que tenía desde la ventana y el suelo. Tras alguna que otra generación que siguió con la tradición, la actual no quiso seguir con el negocio y lo donó todo al museo.

Como se puede observar, está con todos los detalles: el taladro de mano, una laminadora, una hiladora, los conos para las medidas de sortijas y pulseras, las bigornetas en el saliente de cada uno de los seis puestos, una balanza de quilates.

La fragua. Igual que la joyería está expuesto al detalle, faltaría el fuelle, Emma nos cuenta que tienen uno pero muy grande y muy deteriorado. Lo característico de cualquier fragua es que todos los utensilios que utilizan han sido previamente hechos por el herrero. Entre las cosas a destacar nos señala Emma una “reja del diablo”: cuenta la historia que se necesita tanta destreza para hacer algo así (las barras están como engarzadas, sin soldaduras), que sólo el que haya hecho un pacto con el diablo puede hacer una cosa así. Hay muy pocas en España.

Taller del curtidor. Era un oficio muy típico de una corrala. Todas las piezas que hay son auténticas. La piel se introduce previamente en sal; posteriormente pasan al asiento de descarnado, para quitarle restos con un cuchillo adecuado para ello y, por último, bien se estira o bien se tiñe.

Llegamos a la última parte del museo, que recrea una especie de establo.

Al parecer, la corrala en su momento tuvo un establo. En él se exhibe un gran carro muy ornamentado. Al fondo unas cuantas fotografías muestran la corrala en 1870, fotos de los comercios y las casas; y una última que pertenece ya a la remodelación.

La corrala en 1870



La pared es original, pero el suelo se levantó y lo cambiaron. Pero en lo que coincidimos guía y todo nuestro grupo es en horrorizarnos cuando Emma nos confiesa que los paneles tan poco conseguidos del patio de la corrala son así de ex profeso; las paredes eran blancas y se quiso representar algo más moderno. Las maderas sí que están pensadas para que la luz no entre a la exposición.

No quisiera terminar esta entrada sin poner una muestra de la exposición itinerante que muestra el Museo de Artes y Tradiciones Populares de Miguel Yuntera, que tocó el corazón de todo el madrileño, entrado en año que ha conocido muchos de los comercios que con una habilidad pasmosa recrea en pequeños cuadros. Muchos de estos comercios han existido hasta hace no mucho.