Buitrago de Lozoya




Buitrago de Lozoya (imagen propiedad de la página web del Ayuntamiento de Buitrago de Lozoya, se retirará en caso de ser requerido)
Descubrir nuevos rincones que puedan ser catalogados de "singulares" siempre es una delicia, pero cuando esos rincones están a tan sólo 68 kms. de la puerta de tu casa, el hallazgo se convierte en una auténtica ambrosía. .... me refiero a una joya de la Sierra Norte de Madrid: Buitrago de Lozoya. ¡Ah, y sin necesidad de coche! No, no ha sido mi particular "camino de Santiago", sino que nos subimos a un autobus y en menos de dos horas estábamos a la entrada del pueblo (probadlo en alguna ocasión, tiene muchas ventajas: vas cómodo, no tienes el problema del aparcamiento, puedes comer con vinito,... incluso tomarte un vermut de aperitivo y un chupito digestivo, ya sabéis "si bebes no conduzcas"; que has andado mucho y vuelves reventado, duérmete el viaje, que alguien te avisará de que has llegado a Plaza de Castilla).



El autobús 191 sale cada hora y, bien es verdad que va "puebleando", pero creo que es otra ventaja: contemplar localidades a unos dos metros de altura, con sus iglesias, sus campanarios, sus plazas con sus  ayuntamientos,..., es otro placer que se acabó con la llegada de las autopistas. Como dice Caballero Bonald, "Las carreteras, antes, pasaban por el campo. Ahora ya no pasan por ningún sitio reconocible." Guadalix, El Molar, Venturada, Cabanillas de la Sierra, La Cabrera, El Berrueco, Siete Iglesias y Lozoyuela, no son solamente "Salidas" de la N-I, sino localidades, cada una con su encanto.¡Hemos llegado a Buitrago de Lozoya!, a la que, irónicamente, corta de tajo la N-1, dejando una cuarta parte de sus terrenos a la izquierda de la autopista y su centro a la derecha.

Tras Torrelaguna, Buitrago es la segunda localidad más importante de la Sierra Norte de Madrid. Se encuentra encajada entre la Sierra de La Cabrera al sur y la de Guadarrama al norte. Poco se sabe de sus origenes. ¿Sería la Litabrum que en el año 190 a.C. conquistaron los romanos, según Tito Livio? No se sabe. Ciertas reminicencias árabes si que hay, en parte de sus murallas y la red de acequias, pero lo que sí está comprobado es que Alfonso VI la conquistó a los musulmanes en 1083 y dio orden de su repoblación cristiana.

En 1368, Enrique II de Trastámara concedía el Señorío de Buitrago a don Pedo Gómez de Mendoza por su apoyo en la guerra contra su hermano Pedro I. Desde entonces los Mendoza han estado vinculados a la Sierra Norte de Madrid. Dos siglos después, el ducado del Infantado recaería en don Íñigo López de Mendoza, Marqués de Santillana quien funda el Hospital de San Salvador, desaparecido en la Guerra Civil, y la Iglesia de Santa María del Castillo.

El autobús deja prácticamente en la Calle Real, arteria principal del pueblo y en un "pis pas" llegas al meollo de todo. Me hubiera encantado hacer mi relato describiendo todos los encantos de Buitrago -que no son pocos- y terminar con redoble de tambores anunciando; "...¡pero es que además tiene un Museo de Picasso, con multitud de obras!, seguro que habría conseguido que el lector se quedara impactado con mi crónica y un colofón de esta guisa; pero a fuer de ser coherente, me ceñiré a lo vivido de una manera cronológica.

Enseguida llegamos a la Plaza Pablo Picasso, porque lo dicho en el párrafo precedente es cierto. Y se preguntará mi querido lector cómo es que un pueblecito con apenas 1.861 habitantes presuma de tener un museo de nuestro cubista más internacional (se ruega a aquellos lectores que ya sean conocedores de ello, que no me revienten la exclusiva y abran la boca como si se enterasen ahora). ¡Ahí va la historia!

En esta misma Calle Real que nos ha conducido hasta esta Plaza Pablo Picasso, Eugenio Arias cortaba el pelo a los vecinos de Buitrago desde 1918 hasta que estalló la guerra civil. Eugenio, afiliado al Partido Comunista, se alistó al frente republicano y terminada la guerra, a la resistencia francesa contra el invasor nazi. Terminada la época de lucha se instala en Vallauris, población francesa, donde abre una peluquería.

Si no os habéis cansado de leer la historia de un peluquero de Buitrago, pensando que he debido perder el oremus, continuad leyendo, porque la historia no ha empezado todavía.





Un día, una clienta de la peluquería le presenta a Pablo Picasso, ya un pintor de renombre. que acaba de afincarse en Vallauris, abandonando la vida bohemia e intelectual de París, por la alegría del sol y el mar de la Costa Azul y vivir su pleno amor, junto con su última compañera, Francoise Gilot, con quien tuvo dos hijos -Claude y Paloma- y la única de las mujeres que estuvieron a su lado y que fue capaz de dejarlo cuando se enteró de que la engañaba. ¡Aquél fue el inicio de una amistad sin límites entre Eugenio Arias -el peluquero- y Pablo Picasso -el famoso pintor-!








Durante veintiséis años, Arias acudiría en bicicleta  a casa de Picasso a cortarle el pelo; en principio en Vallauris, después allí donde estuviera el artista. Hasta que Picasso le regaló un coche y las visitas se multiplicaron. Ambos disfrutaban de las largas horas de conversación, desde su condición de comunistas exiliados en Francia y el propio Picasso se desplazaba a la peluquería para charlar con su amigo, se les veía por los bares de Vallauris o asistían a corridas de toros, a las que eran los dos tan aficionados.

Eugenio se granjeó la confianza del artista y fue de las poquísimas personas que podían presentarse en su casa sin permiso previo. Entre las muchas entrevistas que concedió el peluquero, comentaba cómo gracias a tan especial amistad se pudo codear con lo más granado de los españoles que viajaban a Francia para visitar a Picasso; entre ellas, recordaba una en que Luis Miguel Dominguín, entre chistes, dimes y diretes, llama a Arias "paleto" y éste le respondió: "Soy de Buitrago y paleto, y los castizos sois los de Madrid. Pero no sabes por qué los de Madrid sois castizos,... Porque toda tu vida has bebido el agua donde yo me he lavado los cojones" -en alusión directa al agua de Lozoya-.

Cuando Picasso fallece, en 1973, su amigo Arias fue de las pocas personas que estaba a su lado y él mismo le amortajó con una capa española, recuerdo de su padre.

A los largo de aquellos veintiséis años, Picasso regaló a Arias una buena cantidad de obras y objetos dedicados a su amigo; exactamente setenta y una obras entre dibujos, cerámicas, obras gráficas, carteles de exposiciones, libros dedicados, ... y son el fondo artístico del Museo Picasso en Buitrago de Lozoya.

En 1982, tras la donación por Eugenio Arias a la Diputación de Madrid, la colección fue trasladada de Francia a España, a condición de que se expusiera en su localidad natal, Buitrago de Lozoya.

Una bonita historia, ¿a que sí?

El museo está ubicado en el mismísimo edificio del Ayuntamiento, en su planta baja. La entrada al museo es gratis y una simpática pareja organiza una especie de talleres que te hacen comprender mejor la esencia del museo, de una manera interactiva. ¿Es un museo de Arias en el que aparece la figura de Picasso? ¿o al revés? ¿Os podéis imaginar lo que hubiera ganado si llega a vender el legado?


Siguiendo por la calle Real, alcanzamos la Plaza de la Constitución, que es la puerta al Buitrago medieval. Su bonita Torre del Reloj o Albarrana ya se anuncia desde la propia plaza y no es otra cosa que la entrada principal al recinto amurallado. Tiene un pasadizo en forma de codo con doble arco al exterior y al interior.

Se desemboca en la Plaza de los Caídos, donde sobresale la Iglesia de Santa María del Castillo. Se piensa que fue construida sobre una mezquita, aunque no se tiene constancia de ello. Construida en 1321 y restaurada en el siglo XV. En 1936 ardió perdiéndose todo lo de valor que en ella había, incluida la techumbre que no se reconstruiría hasta 1982; sin embargo, el artesonado del altar mayor es del siglo XV, pues fue traído del Hospital de San Salvador, así como su portada plateresca. La torre mudéjar es visitable y sugiero que se haga el esfuerzo de subir sus 25 m., pues las vistas son espectaculares.



Entre unas cosas y otras, había llegado la hora de la comida y no es ningún secreto cómo se come en la Sierra Norte madrileña. Teníamos reserva en el Restaurante Las Murallas en la Plaza de la Constitución. Típico asador castellano, donde comimos estupendísimamente.


El Castillo o Alcázar fue construido entre los siglos XIV y XV, aunque no se puede situar con certeza; aunque pudiera ser que fuera de origen árabe. Su remodelación corrió a cargo de la familia de los Mendoza (Señores de Buitrago). Compuesto de siete torres, barbacana y foso, le hacían prácticamente inexpugnable. Declarado Monumento Nacional, junto con la muralla, en 1931.

Poneos un momento en situación, corre el año de 1435 y formáis parte de la Corte de Juan II de Castilla; rey que no destacó por tener una brillante sesera, pero sí se supo rodear y aprovecharse de amigos con mucho mucho dinero, entre los que se encontraban el condestable Álvaro de Luna o Íñigo López de Mendoza, primer Marqués de Santillana. El Marqués ha invitado a su Majestad a su palacio en Buitrago de Lozoya -por su puesto con la Corte incluida-, donde os agasajarán con fiestas de toros y cañas, competiciones de poetas, músicas, bailes y opípara "pensión completa"; digo mal, "all included". Juan II estaba tan a gusto -y vosotros también, sed sinceros-, que prolongaron la visita de "Santiago a los Santos, según cuentas las crónicas.

Pero el castillo, sirvió para algo más que para celebrar fiestas que agasajasen a la monarquía, también fue escondite de... "una princesa". Enrique IV (el Impotente), no aprovecharía como su padre para instalarse en Buitrago pero si pidió al segundo Marqués de Santillana, don Diego, que custodiase en su fortaleza a la Princesa Juana, de cinco años; allí pasaría una gran parte de su niñez. Los rebeldes dudaban de la paternidad del rey y aseguraban que era hija de un desliz de la Reina Juana de Portugal (o peor aún, que el propio rey había obligado a su regia esposa a mantener relaciones con el favorito, Beltrán de la Cueva, por lo que el mote de la princesa de "la Beltraneja" corrió como la pólvora por el reino).

Tras todo el glamour que rodeo el castillo/fortaleza/alcázar, llámese como se quiera durante épocas medievales, vinieron malos tiempos desde inicios del XIX: fue incendiado por los franceses y, posteriormente, la Guerra Civil le pasó factura y salió bastante maltrecho, dada la cercanía con el frente.

En 1999, la Comunicad de Madrid y el Ayuntamiento de la localidad compraron la fortaleza a sus propietarios, para fines culturales -¡por 18 millones de pesetas! ¡108.000 euros!

Y, finalmente, lo que hace a Buitrago único, es su muralla. De origen árabe, construida probablemente entre los siglos IX y XI, dentro de la estrategia de defensa de la plaza de Toledo contra las huestes cristianas. Sin embargo, lo que ha llegado hasta nuestros días es fruto de numerosas ampliaciones ya por los cristianos.

La muralla mide más de 800 m. de perímetro; cuenta con tres entradas y está enclavada en un meandro del río Lozoya, lo que la convierte en una especie de península.  La singularidad de la zona hace que la muralla este construida con dos tramos muy diferenciados: el adarve bajo, defendido de forma natural por el río Lozoya, por lo que la altura del muro es de 6 m. y un grosor de 2 m., mientras que el del adarve alto, se eleva a más de 9 m., con un grosor de 3,5 m. Las torres se conservan casi todas

Buitrago tenía otra sorpresa que ofrecernos; un exhibición de Máquinas de Asedio Medievales, que siendo muy interesantes, no hubiera sido lo mismo sin nuestro entusiasta guía.

Con un entusiasmo y una profesionalidad sólo de alguien que sabe muy bien lo que se trae entre manos, nos fue describiendo minuciosamente cada una de las recreaciones de estas piezas de artillería o nos hacía un simulacro de su manejo con tal vehemencia que instintivamente mirábamos en lontananza, esperando la llegada de invasores. Cada una de las piezas eran para él como hijos de los que estás muy muy ogulloso: la Jarkh del siglo XII, la Lu'ab del VII, Lanzapiedras de torbellino del XII, el Espringel del XIV, el Wach del XV, la Ballesta de torno del XIV, la Catapulta nada menos que del I a.C.


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Hace un día de auténtica primavera y da pena marcharse, pero ¡volveremos Buitrago, en más ocasiones, sobre todo para poder ver tu Belén viviente, del que tan bien he oído hablar!